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| UNCo, dos medios, una canción |
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| lunes, 02 de febrero de 2009 | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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REGIÓN COMAHUE | EDUCACIÓN ![]() Por Griselda Fanese Hay un sistema retórico dominante que circula a través de los medios de comunicación de masas en la Norpatagonia. Uno de los temas de ese sistema es la Universidad Nacional del Comahue.
Un sistema retórico se conforma de voces que explícita o implícitamente acuerdan un sentido en torno a un tema y sostienen ese sentido polifónicamente, muchas veces con el fin de propagarlo y transformarlo en estado de cosas. Es decir, podemos llegar a percibir diferencias de tono, de altura o de intensidad, pero lo que se diga desde ese sistema mantiene el sentido -una opinión básica consensuada- que se plasma en diversas formas -noticias, comentarios, opiniones y otros géneros- desde las cuales se sostiene un sentido en torno a una problemática. ¿Por qué plantear en términos de dominación la consideración de ese sistema retórico que incluye en su polifónica conformación un diario tan leído como el Río Negro y un periódico aparentemente tan crítico como 8300? Porque en una sociedad viva –es decir, vital aun, en el sentido que el disenso puede darle a la vitalidad- pugnan por la legitimidad y por la credibilidad diversas construcciones de lo real social. Por ejemplo, hay una construcción de “Universidad Nacional del Comahue” que aparece en disputa con otras construcciones de lo mismo. “Construcción” en el sentido de que, a medida que las diversas voces van tentando opiniones en torno al tema, van dando forma a la cosa misma. No existe un absoluto de “UNCo” de la misma forma que no existe un absoluto de otras “realidades”. La UNCo es un constructo, un producto, de prácticas y discursos. Parte de ese producto es efecto de las normas que la rigen, como el estatuto. Otra parte es la voluntad y la acción de quienes pretenden cambiarla, para transformarla en instrumento de lo que dice ser instrumento: educación pública y gratuita para una mayoría, adecuada a los tiempos y a nuevas necesidades, a nuevas improntas. Otra parte es la acción y la voluntad de quienes procuran evitar grandes cambios, o las de quienes propugnan pequeños cambios para evitar otros mayores.. En esa pugna por predominar, las prácticas y los discursos de un wing ideológico apuntar a lograr, por ejemplo, una universidad más abierta a la clase trabajadora. Esto es una universidad donde lo que más importe sea que existan las mejores condiciones de estudio para aquellos y aquellas que deben depender de un sueldo y cumplir horarios de trabajo agobiantes o depender de alguien (padres, generalmente) cuyo capital económico también se limita a un sueldo mensual. En esta universidad, lo más importante sería un fuerte sistema de becas, con contralores precisos y acompañamientos para que fueran bien aprovechadas por sus destinatarios; una política dirigida a proyectar los esfuerzos máximos en la docencia; y una educación sistemática de todo el personal asalariado de la universidad –sea docente o no- para transformar la desidia, la indiferencia, el solipsismo o la mediocridad reinantes en conciencia del papel de la universidad en el logro de un país con recursos humanistas, científicos, tecnológicos. Solo esa conciencia puede transformarse en trabajo efectivo en este sentido. ![]() Desde otro wing ideológico, la universidad es el terreno donde se preparan carreras particulares, las de los individuos que entran a la universidad y a partir de ella logran el éxito en sus existencias: un prestigio determinado; una relación productiva de capitales con empresas; una cuota de poder en la universidad misma, en los gobiernos municipal, provincial o nacional, o en los sindicatos asociados a la universidad. En esta idea de universidad, la construcción de conocimiento en gran medida se pierde, puesto que se confunde con –o se solapa detrás de- los prestigios de algunos profesores o con la cuota de poder de algunos dirigentes (o cuotita, ya que no es lo mismo dirigir la asociación del personal administrativo que dirigir la asociación de docentes de la UNCo). Así, la gran mayoría de la población puede llegar a creer que en la universidad se construye conocimiento si en su plantel hay dos o tres profesores famosos, premiados, con muchísimas publicaciones en el extranjero, etc. O la gran mayoría puede quedar convencida de que el conocimiento no tiene ninguna importancia en una universidad donde lo que más importa es cómo hacer para mantener en el tiempo un modelo instituido (un modelo de gobierno, pero también un modelo de relaciones entre colectivos o individuos). Así, la gran mayoría de los estudiantes que hoy no están movilizados (según asegura 8300 en la página 6 de su edición de noviembre de 2008) puede estar convencida en este momento de que no vale la pena enfrentar un statu quo que ni siquiera los considera parte esencial de la institución. Muchísimos jóvenes hoy saben perfectamente que no hay consideración para ellos en la UNCo. Si no lo saben cabalmente, intuyen que lo más importante no es que aprendan, sino que se inscriban para que la institución pueda seguir adelante formalmente. Que casi todo es una mera cuestión de formas, que no hay una vida mejor detrás de las propuestas instituidas vigentes, esto es lo que lleva a tantos jóvenes a una vida solipsista o a buscar un colectivo superador del individualismo en alternativas iconoclastas y tan absolutistas y ficticias como lo que desean criticar. Por otro lado, y en el mismo sentido aunque pudiera parecer divergente, la gran mayoría de los integrantes de un movimiento estudiantil que inició en 2006 la protesta colectiva que desembocó en la asamblea de los primeros días de diciembre de 2008, pueden hoy estar convencidos de que el modelo de relaciones imperantes dentro de la UNCo es casi invencible. La desmoralización conduce a la inacción en los estudiantes que conocen teóricamente que un mundo mejor es posible, y su inacción se combina con el escepticismo de los que ni teórica ni prácticamente han vivido otra cosa que el verticalismo, el jerarquismo, el mandoneo, el cierre de discusiones, la negativa al debate, la defensa con uñas y dientes -aunque con poco y nada de argumentos que atiendan al consenso y no a la mera derrota del que piensa diferente- de una cuota (o cuotita) de poder. Quizás sea cierto que no vale la pena enfrentar a los “aparatos” (los grupos de poder que comparten intereses y no están dispuestos a discutir discursos y prácticas alternativos) de la Universidad. Por ahora. En el sistema retórico dominante sobre la UNCo comparten wing ideológico el diario Río Negro y el periódico 8300. Hoy, a fines de diciembre de 2008, con el último ejem plar de 8300 y con la edición del 20 de diciembre del Río Negro en las manos, cualquiera puede leer las coincidencias entre lo que publican uno y otro. Coincidencias en las inferencias que habilitan en el lector o la lectora, y coincidencias en las creencias implicadas. Según lo que el Río Negro extracta de palabras de la vicerrectora de la UNCo, Teresa Vega, hay una relación implícita entre el aumento de la matrícula estudiantil para 2009 y la “normalización” a que se ha llegado en la primera etapa de la asamblea universitaria. En ese orden de ideas, si la segunda etapa de la asamblea se cumple en marzo próximo, la matrícula podría llegar a estabilizarse o incluso a aumentar. Es la lógica de error-castigo y acierto-premio. El lector o la lectora que no participan de la vida universitaria simplemente se quedan con la conclusión evidente de la falaz conexión que transforma una mera yuxtaposición en una relación causal: si después de la asamblea ha habido aumento de la matrícula, esta ha aumentado a causa de la realización de aquella. En todo caso, la relación causal puede darse por la insistencia de los medios de comunicación de la región que colaboran en hacer creer a los lectores que la “normalización” de la UNCo es imprescindible para que la gente pueda estudiar en ella adecuadamente. Esa normalización –habría que aclarar- es necesaria para que un grupo pueda seguir con sus proyectos personales utilizando los magros recursos del presupuesto universitario. La publicidad de la “normalización” –a cargo de los medios- produce en la población interesada en estudiar la convicción de que “ahora todo andará bien”. Pero no será así, porque esa supuesta “normalización” se ha hecho –por decirlo de alguna manera- contra natura. Y aquí entra el periódico 8300, que trata de convencer a sus lectores de que en la asamblea universitaria se produjeron “algunos cambios sustanciales al vetusto estatuto de 1994”. Si no han sido posibles más cambios, induce a concluir este medio, es culpa y responsabilidad de las agrupaciones estudiantiles FER y JUS y de los trabajadores no docentes afiliados a ATE, que se retiraron de la asamblea y “dejaron en mayoría a los sectores más conservadores”. Nada dice de los acuerdos logrados desde el poder y al interior de fuertes grupos de interés. Alguien podría argüir que estos acuerdos son legítimos y que son habilitados por el sistema democrático tal como lo conocemos actualmente. Es decir, una mayoría que está en buenas condiciones de establecer pactos porque dispone de recursos políticos e institucionales (por no decir económicos, atendiendo a la incidencia actual del MPN en la UNCo), efectiviza dichos pactos y procede a imponer a la minoría el estatuto que regirá el futuro de estudiantes, docentes y trabajadores administrativos. En ese orden de cosas, la minoría podría haberse organizado, ya que se trata de una minoría, sí, pero que incluye el aparato (¿aparatito?) de la Asociación de Docentes de la Universidad Nacional del Comahue (ADUNC), los administrativos afiliados a ATE y las agrupaciones estudiantiles que menciona 8300, entre otras. Nada dice 8300 de la FUC, la Federación Universitaria del Comahue, hoy dirigida por la CEPA, corriente estudiantil afín al Partido Comunista Revolucionario (PCR), otro aparatito. Los asambleístas estudiantiles agrupados en la CEPA sí participaron de la asamblea universitaria y apoyaron junto a ADUNC (cuyo referente más renombrado, Luis Tiscornia, pertenece al PCR) la propuesta de conformación de los consejos directivos de las Facultades de 7 docentes, 4 estudiantes, 3 no docentes y 1 graduado. Hubo otra propuesta que igualaba la representación de docentes y estudiantes (5-5-3-1), presentada por un colectivo de estudiantes nucleados en el FER, por lo que no se entiende bien el apoyo de la CEPA a la representación 7-4-3-1. Tampoco se entiende por qué una agrupación de no docentes apoyó la propuesta de 7-4-3-1, si favorece más a los administrativos la representación propuesta por el FER. Sin embargo, se puede entender todo si se considera que determinadas prácticas obligaron a los estudiantes y l os no docentes partidarios del aumento de la representación estudiantil en los órganos de gobierno de la universidad a inclinarse ante una propuesta que logró la dominación dentro de la minoría, esto es, la propuesta del 7-4-3-1. Me refiero aquí solamente al punto de la representación en los consejos directivos. Otros puntos introducidos y ganados contra natura por el conservadurismo fueron la elección directa de las autoridades de la UNCo y la continuidad del voto de los decanos en el Consejo Superior. Quedarán para otra oportunidad. En el marco de tanta pérdida, la ganancia del claustro único indiferenciado –ganancia para el progresismo- parece diluirse. Veremos en los próximos meses en qué dirección lleva a los distintos grupos de interés este pasito pa´lante, con tanto pasito pa’tras que se ha dado. Esa dominación dentro de la minoría es eso, una dominación, porque no fue lograda con debates para el logro de un sentido común a toda la minoría (un con-senso de la minoría, entonces), sino que fue resultado para muchos de la opción del mal menor. Esto es, muchos asambleístas, quizás los mejores entre ellos (porque todos somos iguales como ciudadanos, pero no hay por qué igualar la buena intención, la bonhomía, el desinterés: no fuimos todos responsables de la tortura y la desaparición de personas en los ’70 ni de la privatización del país en los ’90) votaron la propuesta menos injusta, no necesariamente la mejor, justamente para evitar el triunfo de la peor. Un síntoma de la dominación (en primer lugar, del grupo de decanos y de consejeros superiores que conformó la mayoría que decidió cuándo se hacía la asamblea; y, en segundo lugar, del grupo de asambleístas por la minoría que se encerró en torno a Adunc) fue la negativa de muchos asambleístas estudiantiles y muchos asambleístas no-docentes a participar de algo cuyo resultado venía predeterminado y en cuya consecución no habían participado democráticamente, es decir, con derecho a disenso y discusión. Como se ve, nada nuevo: Una mayoría niega el derecho de una minoría a disentir y a discutir. Efectiviza la negación por medio del voto mayoritario. Y dentro de la minoría, un grupo dominante hace acuerdos en petit comité, y deja al resto ante la disyuntiva de correrse a la derecha (hubo por lo menos tres asambleístas que tomaron esta decisión) o aceptar lo malo en defensa de lo peor. El grupo dominante de la minoría (que no está privado de inteligencia) se resguarda de las críticas a su pobre práctica política por medio del recurso a la 8300, la voz que -en el contexto del coro polifónico de lo público sobre la UNCo- va a refrendar lo que se dice desde el conservadurismo vía Río Negro: la culpa es de los que protestan, en este caso, los estudiantes de agrupaciones FER y JUS y los trabajadores no docentes afiliados a ATE. La democracia o la democratización universitaria es lo que ha motivado todo este movimiento desde hace años en la UNCo. “Democracia”, si creemos que ya vivimos en ella, que la hemos logrado, que no hay para más. “Democratización”, si pensamos que una construcción permanente de algo mejor es posible. Sin embargo, nada es posible sin la conciencia de que las prácticas arraigadas, la costumbre de la dominación, el hábito de no discutir, son lo primero a cambiar. Como eso no cambió todavía, el nuevo estatuto es producto y confirmación de esas prácticas. Como cualquiera puede ver, nada hay en la universidad que sea distinto de lo que sucede en el resto de la sociedad, a pesar de que en la universidad trabajan personas a las que, supuestamente, se les paga sueldos por saber más. Por saber más, por ejemplo, de economía política, o de realidad social del agro, o de derecho político, o de filosofía del derecho, o tantas otras áreas del saber que ellos y ellas tendrían que saber, esto es, tendrían que poder usarlas en las prácticas, no solo poder repetirlas como teorías aprendidas de grandes pensadores, muchos de ellos (válganos la inocencia) marxistas.
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